Reflexión: La bolsa de clavos

Reflexión: La bolsa de clavos

Reflexión: La bolsa de clavos

En el día hoy les traigo una historia llamada La bolsa de clavos la cual leí hace unos cuantos años y cada vez está más vigente.

Este relato cuenta la vida de un joven que tenía muy mal carácter, le hablaba mal a sus padres, hermanos y a todas las personas que se cruzaban en su camino.

Sus padres ya cansado de su comportamiento, decidieron hacer algo para poner fin al problema.

Un día le dieron una bolsa de clavos y le dijeron que por cada vez que sintiera que su paciencia llegara hasta el límite, debería agarrar un clavo de la bolsa y clavarlo detrás de la puerta de su dormitorio.

El primer pensamiento del joven fue, que pavada es está pero a regañadientes acepto el desafío.

Durante el primer día del desafío, el joven había clavado un total de 24 clavos detrás de aquella puerta y así semana tras semana fue llenando la puerta con clavos.

Las semanas pasaron y fue clavando clavo tras clavo, hasta que no podía poner uno más en la puerta.

Luego de unos días más empezó a controlar su carácter pues para su fortuna descubrió que era más fácil controlar sus emociones que buscar un lugar en donde poner otro clavo.

Llegó el ansiado día en que pudo controlar su carácter durante todo el día.

Después de informar a sus padres, estos le indicaron que retirará un clavo por cada día que lograra controlar su carácter.

Los meses pasaron y el joven pudo anunciar a sus padres que ya no quedaban más clavos para retirar.

Sus padres lo felicitaron y lo llevaron hasta la puerta.

– Has hecho un buen trabajo. Sabemos que te ha costado pero has logrado controlar tu carácter. Ahora observa todos esos hoyos en la puerta.

El joven miro la puerta y se dio cuenta que nunca más será la misma.

Cada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices en las personas exactamente como las marcas que ves en esa puerta. – Le dijo el padre

Puedes pedir disculpas e intentar olvidar lo sucedido, pero del modo como se lo digas dejará su marca y la cicatriz perdurará por siempre.

 


En momento de calentura decimos o hacemos cosas que segundos después nos arrepentimos, pero por más que intentemos disculparnos, esa relación quedará marcada por ese instante de ira.

Muchas veces no somos conscientes que nuestras frases o actos dejaran cicatrices que no se curarán jamás o en el mejor de los caso tomará mucho tiempo para que esa herida sane totalmente.

Espero que te ha gustado la reflexión

Si es así te agradecería enormemente que lo compartirás en tus redes sociales así me ayudas a difundir mi proyecto.

Imagen: Vieja puerta (Unsplash)

 

 

Esta entrada tiene 6 comentarios

  1. Me ha gustado mucho la historia y tu posterior reflexión Carlos. No la conocía y es verdad como la vida misma. Creo que hay 3 niveles cuando estás enfadado: 1) Si logras contener la ira y no hacer daño al otro. Decir las cosas de buen modo. 2) Cuando no te contienes y hieres a la otra persona. Después te arrepientes, te das cuenta y pides perdón. 3) Lo mismo que 2) pero sin arrepentirte, o sin darte cuenta o sin pedir perdón. En cualquier caso, 1) es preferible. 2) deja la puerta con agujeros y 3) sería como si de tantos agujeros que tiene la puerta, un día se viniera abajo.

    Quiero decir con esto que pedir perdón creo que atenúa el daño hecho, pero en ningún caso lo sustituye. Aún así, ayuda a que la puerta no se caiga.

    Un abrazo Carlos!!

    1. Carlos

      Miguel!!

      Asombrosa capacidad de resumir una simple historia!! Ojala algún día pueda adquirir esa capacidad.

      Un Abrazo!

  2. Buenas! Aquí Jaír, de EfectiVida. Me ha gustado mucho la historia, no la conocía y es muy aplicativa. Me hace recordar a la historia del sabio y las plumas, de un hombre que critica a un sabio. Le va a pedir perdón, y este le dice que rompa una almohada y esparza las plumas al viento. Lo hace, y pregunta si ya le ha perdonado. El sabio le dice que le perdonará cuando recoja todas las plumas.
    Lo mismo con las críticas. Una vez las lanzas, es difícil arreglar el daño.
    Muchas gracias por la historia. Siempre se aprende algo nuevo!
    Saludos desde las Canarias!

    1. Carlos

      Jair, un placer tenerte por acá.

      No conocía la historia del sabio, veré si la encuentro. Sin duda el mensaje es el mismo que en de esta reflexión.

      Puedes pedir disculpas pero el daño ya está hecho.

      Saludos
      Carlos

        1. Carlos

          Muchas Gracias!!

          Ya mismo la voy a leer.

          1 abrazo!!

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